Halia

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Capítulo 4: Vino.

El suave aroma del perfume de Halia consiguió abrazar los sentidos de Geneviève cuando se acercó a ella en el mismo instante en que cruzó la puerta de la habitación del hotel en el que se hospedaba. No le había sido nada difícil conseguir que quedase con ella aquella noche, pese a ser plenamente consciente de que la joven estaría cansada. Sin embargo, quería disfrutar de su compañía a solas. Quería admirar su níveo cuerpo desnudo, tendido sobre la enorme cama de la suite cuando, tras darse un baño, se dispusiese a deleitarse con el sabor de su piel.

“Buenas noches, mi princesa” susurró al tiempo que la envolvía con los brazos en un cálido abrazo, con el que la atrajo hacia su cuerpo.

“Buenas noches, mi reina” la escuchó contestar de vuelta, sonriendo ante aquel juego de palabras que tan solo era eso, un juego en el que Geneviève se sentía más que halagada.

“¿Estáis muy cansada?” preguntó cuando finalmente se separó de ella, pudiendo así acercarse a su rostro con la única intención de robarle un beso a modo de saludo.

“No. No lo estoy. Preocupada sería la palabra más adecuada para definirme” “¿Ezio?” “Ezio” contestó mientras se deshacía del chaquetón de paño rosa palo que iba a juego con el vestido que se ocultaba bajo este. ” Geneviève, se que no es cosa mía, que no me has llamado para hablar porque, bueno” hizo una breve pausa en la que le regaló una sonrisa “He escuchado el agua de la bañera mientras hablábamos. Pero no puedo evitar sacarme de la cabeza todo lo que no ha pasado esta tarde” “Mi querida Halia, déjame proponerte algo: Tú y yo en la bañera de hidromasaje disfrutando de un buen vino. Y, mientras te cuento la verdadera historia de Ezio, te colocarás a mi espalda y te pediré que me hagas uno de esos maravillosos masajes tuyos donde sabes que tanto me gusta”

Ver su sonrisa al tiempo que asentía provocó que Geneviève sonriese por pura inercia. Conocía lo suficiente a la joven como para saber que su preocupación era genuina y que, además, era capaz de guardar un secreto por muy horrible que este le pudiese parecer. Sin demasiada prisa, pero, al mismo tiempo, sin querer entretenerse un solo segundo más, se acercó hasta el armario de caoba del que sacó dos albornoces blancos con el logo del hotel.

“Ven, mi princesa. El agua y el vino nos esperan”

La suavidad del sabor lleno de matices de aquel vino levemente afrutado consiguieron que se relajase de golpe. No le quedaba más remedio que reconocer que estaba cansada. Aunque, por suerte para ella, Geneviève, ya lo sabía. Con cuidado de no romper la copa de cristal de Bohemia, la colocó en el reposa-copas que había instalado en lateral izquierdo de la bañera y, acto seguido, se posicionó de rodillas tras la espalda de Geneviève, moviendo el agua caliente y llena de espuma y burbujas a su paso, lo que provocó que dejase escapar una leve risotada infantil.

“No entiendo por qué te fascinan tantísimo los baños de espuma, ma chérie. Pero siempre que te invito a uno, acabas cubierta de blanco por completo” “Yo tampoco” reconoció mientras alargaba el brazo para poder coger el bote de gel con aroma a rosas blancas, del cual vertió una generosa cantidad en sus manos para que este ejerciese a modo de lubricante en la piel de Geneviève, pese a que no fuese en absoluto necesario. “Solo sé que me gusta, me hace sentir como si estuviese en una película de princesas de Disney” “No esperaba menos de ti” la escuchó decir un momento antes de que le diese un trago al vino. Mientras esperaba a que dejase la copa en su sitio para poder llevar a cabo lo que le había pedido, llevó las manos hasta su cuello y utilizó sus pulgares para buscar pequeñas contracturas, pese a que no hubiese eso lo que le había pedido.

En el mismo momento en que Geneviève colocó la copa casi vacía en un lugar seguro, apoyó las palmas de las manos a su espalda y con un movimiento lento, recorrió el contorno de su cuerpo hasta que estas quedaron sobre sus pechos, lo que provocó que la mujer se fuese acomodando sobre ella muy despacio, para que le diese tiempo a cambiar de posición. Una vez estuvo sentada y con las piernas situadas a cada lado de su cuerpo, comenzó a acariciar sus senos desde la parte exterior a la interior, creando con ello un leve masaje. Mientras repetía aquellos movimientos con extrema delicadeza, dejó que sus dedos, poco a poco, comenzase a jugar con los pezones endurecidos, logrando con ello que la mujer suspirase de forma suave y relajada. Sin la necesidad de tener que hablar ya que sabía qué era lo que más le gustaba, apoyó las manos por completo sobre sus generosos pechos, dejando entre medias de los dedos índice y corazón los pezones canela oscuro que presionó con ellos de forma intermitente.

“Lo prometido es deuda, Halia” susurró con la voz algo más grave de lo normal mientras se incorporaba, con la única intención de cambiar de postura y quedar de rodillas sobre la enorme bañera redonda llena de espuma. Sin prisa, buscó el cabezal de la ducha y se retiró el jabón del pecho, mientras la joven la observaba de manera desconcertada sus movimientos. Cuando se aseguró de que no quedaban restos ni de gel ni de despuma, llevó los dedos al interior de la copa y depositó las gotitas que quedaron en estos sobre sus pezones. Apenas un segundo después, la suave lengua de Halia se cerró sobre estos, y degustó el sabor del vino sobre su propia piel, consiguiendo que suspirase. “Creo que no te pago lo suficiente por la magnificencia y efectividad de tus servicios” comentó de forma divertida mientras repetía aquella operación, solo que, esa vez, cogió la copa y vertió un leve chorro de vino sobre su seno derecho, que volvió a quedar limpio apenas un instante después a base de besos húmedos y provocativos. “Sabes que me gusta jugar” la escuchó decir mientras que ella misma llevaba la mano derecha al seno desatendido y lo presionaba suavemente “Me divierte más que cuando tan solo me piden que sea una muñeca que se dedica a gemir. Además, me gusta la mezcla de sabores” susurró antes de acoger el pezón en su boca y succionarlo con cierta fuerza, tal y como sabía que le gustaba. “Lo sé, por eso mismo juego contigo todo lo que quiero. Pero, creo que ahora lo justo es que te cuente lo que deseas escuchar”
Como supongo que ya sabes, Ezio es el hijo menor de los Aldobrandini. Pese a que su madre sea diez años mayor que yo, nos conocimos en la facultad. Ella era una magnífica profesora y yo era una alumna de intercambio ávida de conocimiento. Al ser extranjera, contaba con su protección ya que era la jefa de su departamento. Y, poco a poco, nos fuimos haciendo íntimas, por lo que, como era de esperar, conocí a su marido, a sus hijos y a su encantadora criada que tenía una hija pequeña que servía en la casa. Con el paso de los años, los niños crecieron y Bianca padeció el síndrome del nido vacío por lo que quiso tener otro bebé. Sin embargo, debido a su edad tuvo un embarazo de riesgo que, por desgracia, no salió adelante.

Por ese entonces, las cosas entre el matrimonio no estaban demasiado bien y Giacomo, el padre de Ezio, tuvo un affair con la hija de la criada que en esa época había ascendido a ama de llaves. Bianca, como buena mujer de alta sociedad, ocultó el embarazo de Milena hasta que finalmente la joven dio a luz. A cambio de su silencio, no la echaron de la casa pero el matrimonio se quedó con el bebé pese a que fuese un niño bastardo ya que la fecha en la que nació habría sido la fecha en la que el “Ezio” real habría llegado al mundo.

Al principio, Bianca, vio al bebé como a su propio hijo. Pero, a medida que fue creciendo, los genes suecos de su madre biológica se fueron haciendo presentes por lo que le recordaban a una Bianca llena de dolor por la muerte de su último hijo no nato, la infidelidad de su marido. Pese a que tratase de convencerse de que el niño callado y tímido que crecía a la sombra de sus hermanos no tenía la culpa de lo mujeriego que había resultado ser su padre, no fue capaz de entregarle todo el amor que le habría correspondido a su hijo legítimo.

En cuanto Ezio tuvo la edad mínima permitida para ser admitido en un internado británico, Bianca convenció a Frabricio, su esposo, de que lo mejor para el niño era que recibiese una educación acorde a su estatus, pese a que su intención real fuera mantenerlo lo más lejos posible de su verdadera madre, y de sí misma, ya que esta, según la versión de Bianca, se encargaba de estar con él a escondidas cada vez que tenía la oportunidad de ello.

Finalmente, Fabricio tuvo que despedir a tanto a su ama de llaves como a la madre biológica de Ezio ya que Bianca parecía una extraña paranoia en la que aseguraba que cualquiera que viese tanto a Milena como al niño juntos podría sacar el parentesco ya que era su viva imagen. En este punto, no me queda más remedio que darle la razón puesto que eran como dos gotas de agua.

Pese a la distancia, Bianca no echaba de menos al niño que creció solo, rodeado de los profesores y de sus compañeros con quien no se llevaba demasiado bien debido a su timidez. A causa de su retiro obligado, comenzó a refugiarse en la música y, por suerte para él, en mí. Porque, aunque a Bianca no le gustase demasiado, me inspiraba una gran ternura con esos ojos azules tan enormes que tenía de pequeño y su carita de no haber roto un plato. Sin embargo, con los años, su madre descubrió que cuando me lo llevaba conmigo en determinadas fechas no tenía que encargarse de él, por lo que el pasar las Navidades y el verano sin él era lo mejor que le podría ocurrir a una Bianca que no quería ver al desliz de su marido paseándose por su casa como si tuviera los mismos derechos que sus propios hijos.

A día de hoy, como has podido comprobar, Ezio sigue completamente al margen de la familia y, aunque a su padre no le importaría brindarle el cariño que pide a gritos con los ojos, no puede acercarse a él porque las consecuencias son peores ya que Bianca no lo tolera y tan solo le mantiene en la casa por el qué dirán, pese a que esté deseando que se vaya a cualquier universidad lejos de ellos.

Cuando finalmente terminó de hablar, se separó de ella y se refugió en el agua por culpa de un escalofrío. No pensaba que la historia de Ezio pareciese sacada de cualquier libro de los que le tanto disfrutaba leyendo. Sin saber qué decir, activó el calentador interno de la bañera, ya que aquella sensación de frialdad y abandono no quería separarse de ella.

“Halia, mi princesa, ¿estás bien?”

La voz de Geneviève consiguió que alzase el rostro hacia ella y le regalase una media sonrisa que no disimulaba su estado de ánimo en aquel momento.

“Solo pensaba. ¿No habría sido más fácil que lo hubiera criado su madre biológica? ¿Tanto importa eso en su círculo social?”

“Más de lo que crees, princesa” aseguró mientras se colocaba a su lado y la abrazaba suavemente contra su pecho, buscando con ello darle un poco de apoyo y consuelo “La madre de Ezio es una mujer que tiene mucho poder. Más que su padre. Ella es la única heredera de una de las firmas de vehículos de lujo más importantes del país. La familia de Fabricio pertenece a la industria del vino. Tienen mucho dinero, sí. Exportan a países muy importantes dentro del sector, pero, en el rango de familias adinerada, la de Bianca, está por encima de la suya, por lo que si ella pidiese el divorcio, al tener separación de bienes, Fabricio saldría perdiendo ya que a día de hoy, sus empresas no tienen unos beneficios tan altos como los de su esposa” ” Geneviève…” la interrumpió separándose levemente de ella “Tú eres muy cercana a Ezio. Se nota que te adora. ¿No podrías ayudarle? Si hablases con su madre y le dijeses que si estudiase lo que realmente quiere se iría de casa pronto y no le volvería a ver, quizás accediese. No creo que le importe pagarle los estudios si es eso lo que obtiene” “Ma chérie, el problema no es ese” aseguró perfilando su barbilla con la punta de los dedos “Si estudia en Roma, Bianca le verá todos los días y si algo tiene claro es que no está dispuesta de que Ezio se quede con uno de los muchos bienes inmuebles que posee” “¿Y tú?” preguntó abriendo un poco más los ojos “Tienes un par de hoteles en Roma. Solo necesita una habitación y comida” “Halia. O, más bien, Tazzia porque eres tú quien está hablando ahora, ¿por qué te preocupa tanto Ezio?”

No le quedó más remedio que negar ante aquella pregunta. No lo sabía. No lo comprendía. Lo único que tenía claro era que le dolía que tuviese que pasar por esa situación cuando no era culpa suya.

“No lo sé, Geneviève. Supongo que yo viví su historia al revés. A mí me adoptó una pareja italiana que no podía tener hijos de forma natural y en lugar de adoptar a alguien parecido a ellos, prefirieron salvar a una niña coreana de diez meses porque sabía que tendría menos posibilidades de sobrevivir que cualquier niño o niña de su propio país. Ellos me acogieron en su vida, me enseñaron sus costumbres y las de mi propio país para que no perdiese mi raíces. No entiendo cómo alguien puede tratar así a un niño cuando no tiene la culpa de nada. Podría tratar de comprenderlo si Ezio fuese un mal chico. Pero, si lo fuese, tú no le demostrarías ese cariño ni se le vería tan afectado al saber que quienes considera su familia le hacen ese vacío”

El silencio que las envolvió en aquel momento no consiguió alentarla demasiado. Que Geneviève la hubiese llamado por su nombre no le había resultado extraño. La conocía desde hacía unos años y el que hubiera tenido que acompañarla en una ocasión al hospital por culpa de una intoxicación que sufrió en una cena en la que descubrió que era alérgica a las ostras fue lo que provocó que supiese su nombre de pila. Ese tipo de detalles no le importaban. Pero, en el fondo, temía que hubiese cruzado la fina línea que había entre ellas como trabajadora y cliente ya que estaban hablando de un tema completamente personal en el que ella estaba opinando como si se tratase de cualquier otro contexto.

“Lo siento, Geneviève” se disculpó finalmente “No soy nadie para dar mi punto de vista en este asunto. Siento haberme pasado” “No, no pidas perdón. Soy yo quien se ha ofrecido a hablarte de él porque confío en tu discreción. Llevas muchos años a mi lado, Halia. Eres la chica que más tiempo he conservado y, si lo he hecho, ha sido por algo. Te preocupas de verdad por la gente y lo demuestras con todo lo que haces. Y, si soy sincera, me encantaría que conocieses a Ezio y que realmente fueras su novia. Hacéis una pareja preciosa y, conociéndoos a ambos, sé que encajaríais bien” ” Geneviève” la riñó con una suave sonrisa en los labios “Soy una señorita de compañía. No creo que quieras que alguien así sea la pareja de Ezio” “Podrías dejar de serlo” propuso con guiñándole “Te aseguro que te echaría de menos, pero siempre seguirá en pie la oferta que te hice cuando terminases la carrera. Me deben un enorme favor en la universidad en la que estudié en Roma por hacer una donación totalmente desinteresada cuando estuvieron a punto de irse a la quiebra por culpa de una enorme crisis económica y sé que si te recomiendo, podrías trabajar allí como profesora de literatura clásica. Te fascina, disfrutas con ella. Serías una profesora completamente vocacional y no como los que solo buscan el poder tener más vacaciones que nadie.

No le quedó más remedio que sonreír ante aquel comentario al tiempo que negaba suavemente con la cabeza. Aquella mujer tenía su vida completamente resuelta y creía que podía solucionar también los de los demás, sin molestar siquiera en preguntar si querían recibir esa ayuda.

“Preferiría mil veces que ese apoyo se lo dieses a Ezio” reconoció con total sinceridad mientras buscaba sus ojos llenos de fuerza y seguridad “Hablaré con su padre, pero no prometo nada. Además, no sería bueno que viviese en una habitación de hotel sin nadie con quien hablar” hizo una pausa en la que una sonrisa llena de malicia se dibujó en sus labios “También puedo pagarle los estudios si accedes a compartir la habitación de invitados que tienes en tu precioso ático. Yo te pagaría la parte correspondiente al alquiler” “¡Eso sí que no!” exclamó sin poder disimular su sorpresa “Ezio no puede vivir conmigo. No atiendo en casa, pero no podría tenerle en casa. Me sentiría fatal teniendo que trabajar mientras le dejo allí solo. Y no creo que quieras renunciar a mí y a mis encantos tan pronto” susurró dejándose caer despacio hacia el borde de la bañera, con la única intención de buscar cambiar de tema, ya que aunque no quisiera, Geneviève estaba consiguiendo que se pusiera nerviosa. “No pretendo renunciar a ellos. Además” hizo una pausa en la que aprovechó para sumergir la mano dentro del agua y llevarla hasta su sexo, el cual acarició con el dedo corazón de forma lenta, buscando con ello que su cuerpo reaccionase y estuviese dispuesto a recibir una nueva caricia que le regaló un par de segundos después “Ezio ya sabe a lo que te dedicas. Fue él quien te contrató sin intermediarios de por medio porque buscaba a alguien con quien asistir el bautizo. No creo que le importe lo más mínimo el que sigas ejerciendo de acompañante si, a cambio de eso, pude gozar el mismo de tu presencia en su misma casa. O, más bien, en la tuya”

Las palabras de Geneviève se le antojaron tan lejanas como apetecibles. Por un lado, la idea de cometer una locura más en su vida y acoger en su casa a un completo desconocido pese a que fuese recomendado por la mujer que continuaba acariciándola sin prisa alguna consiguiendo que temblase le parecía completamente excitante. Pero, por otro lado, le parecía la peor decisión que podría llevar a cabo. Ezio se merecía la compañía de alguien mejor, no de una puta. Porque, por muy bonito que sonase el título de “dama de compañía” muchos de sus trabajos terminaban con ella en una cama practicando sexo por unos honorarios que no todas sus compañeras de profesión se podían permitir. Aún con la cabeza llena de ideas, dejó que Geneviève la tocase con sus dedos largos y finos que poco a poco se fueron adentrando en su interior, el cual estaba más que dispuestos a recibirlos, a abrazarlos, a disfrutar de ellos mientras buscaban llegar lo más lejos posible dentro de ella. Poco a poco, su mente fue cediendo al placer y finalmente terminó por olvidarse de Ezio mientras se abandonaba a un orgasmo lento, tranquilo, con el que supo que Geneviève tan solo quería despertar su cuerpo para que así estuviese preparado para ella.

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