Halia

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Capítulo 5: Deseo.

El suave gemido de Halia inundó la habitación erizándole la piel. Desde que le regaló aquel orgasmo en la bañera hasta que la sacó de ella y la tendió en la cama sin que les importase a ambas el estar empapadas se le había antojado algo similar a una eternidad. Pese a que tan solo hubiesen pasado un par de semanas desde la última vez que la vio, supo que su propio cuerpo la había echado de menos. Sus labios, sus dedos, sus pequeños senos que ahora subían y bajaban de manera desacompasada por culpa de su respiración irregular consiguiendo que se excitase aún más al ver la propia excitación en la joven. Sin saber cómo, Halia, había sido la única que había durado a su lado más de un par de meses.

La primera vez que la vio en Londres supo que la quería para ella. Todo su cuerpo se estremeció de pies a cabeza por imaginarla desnuda en su cama, con el rostro oculto bajo una almohada mientras su propia boca se perdía en su sexo. Tal y como esperó, la joven reprodujo de forma exacta su fantasía la primera vez que se vieron de esa forma. Y, desde aquella tarde de sábado en Roma, Halia se convirtió en su favorita. Mentiría si afirmase que no tenía a más chicas, pero, de entre ellas, con la única que realmente podía mantener una conversación más allá del sexo era con la que ahora se incorporaba de la cama y se sentaba sobre su regazo con el único afán de buscar su boca, la cual le entregó gustosa. Disfrutando de aquel beso lleno de deseo, la tumbó nuevamente sobre la cama y, cuando supo que Halia había tenido suficiente de ella, se separó de su boca y llevó la suya hasta sus pequeños pechos, con los que se deleitó sin prisa alguna. Al recordar la botella de vino olvidada en el cuarto de baño, bajó de la cama y se encaminó hasta este, para regresar apenas medio minuto después con ella sobre en su poder. Y, sin remordimiento alguno por machar las sábanas, vertió el líquido rojizo sobre la nívea piel de la joven que comenzó a reír extasiada. Casi como si aquello le hubiera parecido la mejor de las ideas. Sin prisa, se subió a la cama y se colocó de rodillas sobre ella, pudiendo de esa forma inclinarse sobre el cuerpo desnudo de la joven que sabía infinitamente mejor acompañado de aquel néctar de dioses.

“Debería de haberte probado así antes” susurró mientras se posicionaba entre sus piernas flexionadas, las cuales separó suavemente para así tener a su disposición su sexo rosado y apetitoso “Más vale tarde que nunca” lo que en un principio fue un leve murmullo, terminó siendo un hilo de voz apenas perceptible ya que, mientras hablaba, hundió la lengua en su sexo tal y como había hecho previamente con sus dedos, hallado así a su paso aquel pasaje húmedo y listo para lo que pretendía hacer a continuación “Cierto” añadió un segundo antes de acariciar esa vez su clítoris con un único lametazo antes de acogerlo en su boca y succionarlo suavemente. Desde aquella posición privilegiada, observó cómo la joven llevó las manos a sus pequeños pechos y los apretó mientras deslizaba la planta del pie izquierdo sobre la cama, presa de la excitación. “¿Sabes lo que más me gusta de ti, mi princesa?” “No…” “Cómo pierdes la compostura una vez consigo activarte. Eres toda una dama de alcurnia en las reuniones sociales, pero, cuando te excito lo suficiente, te conviertes en una ninfa ávida de deseo, de placer. Y, lo peor de todo, es que me encanta complacerte” “Lo sé” la escuchó decir de forma entrecortada en cuanto acogió nuevamente su pequeño clítoris en la boca “Sé que te gusta que tus acompañantes te satisfagan. Pero mi cuerpo te excita, te gusta lo frágil que parecer ser cuando en realidad es mucho más fuerte de lo que la gente piensa. Sé que solo empleas tus juguetes conmigo, Geneviève. Me lo dijiste tú misma y no sabes lo mucho que eso me gusta”

Escuchar su voz entrecortada y llena de deseo consiguió alentarla aún más y que succionase con avidez la perla rosada que degustaba en la boca como si se tratase del más dulce de los caramelos. Movida por un impulso primario, introdujo dos de sus dedos en ella y comenzó a moverlos con rapidez, sabiendo perfectamente cómo provocarle un nuevo orgasmo en cuestión de segundos porque con el paso del tiempo había aprendido a conocer y a leer su cuerpo, por lo que sabía estimularlo a la perfección.

No le quedó más remedio que agarrarse a las sábanas cuando Geneviève provocó que alcanzase el clímax en su boca con un gemido ahogado. El que conociese tan bien su cuerpo no sabía si considerarlo una ventaja o una maldición ya que, a veces, buscaba el que se corriese el mayor número de veces posibles y, aquella noche, parecía ser una de ellas. Pese a que no le importase lo más mínimo el que aquella mujer se dedicase por completo a su placer, no le quedaba más remedio que admitir que también le gustaba que se deleitase en jugar, en provocarla. Aunque algo en su interior le decía que el que tan solo fuese a permanecer en Roma aquella noche era lo que causaba el desenfreno te aquella mujer que ahora la miraba con una sonrisa llena de maldad en los ojos. Sin saber qué se propondría, vio cómo se alejaba de la cama y se acercaba a su equipaje de mano, del cual sacó una pequeña bolsa negra similar a un neceser. Movida por la curiosidad, se sentó en la cama, viendo apenas un momento después que lo que había en su interior no eran preciosamente objetos relacionados con la higiene personal sino un juguete anal y un consolador, ambos de cristal, a los que acompañaba un generoso bote de lubricante.

“Vaya, parece que habías planeado divertirte sola” Comentó con una sonrisa divertida mientras cogía el juguete anal de un asidero con forma de corazón, el cual Geneviève compró especialmente para ella, por lo que le extrañaba el que lo llevase encima “Realmente había planeado quedar contigo tras el bautizo, pero el que Ezio te llamase me facilitó las cosas” reconoció con total sinceridad “Había traído tus juguetes y están perfectamente lavados y sabes que únicamente los utilizo contigo” “No has traído condón” afirmó sonriendo suavemente “No, y supongo que no llevas encima” “No, lo he cogido tampoco, no esperaba que Ezio quisiera algo más que acompañamiento. Pero tranquila, sé que son los míos y sé que no los usarías con nadie más. Tampoco sería la primera vez y eres tú, así que tranquila. Podemos usarlos sin problema”

Pese a tener la norma de que siempre que se utilizasen juguetes eróticos con ella se haría con preservativo para evitar cualquier tipo de enfermedad venérea, el que Geneviève comprase unos para ella para tener que ahorrarse ese paso le pareció un detalle. Al principio, fue la propia Halia quien los guardaba para tenerlos a su total disposición, pero, llegado el momento, se le hizo más cómodo el que fuese Geneviève quien los llevase consigo cada vez que quisiera utilizarlos. Confiando en su palabra, la miró desde allí al tiempo que enarcaba las cejas, ya que la mujer parecía no saber decidirse por cuál utilizar.

“¿Qué tenéis en mente, mi reina?” “Doble penetración, mi princesa. Hace tiempo que quería llevarlo a cabo contigo, pero no sé si es buena idea” “Si me das un momento, puedo ir al baño… ya sabes. Y así te digo si podemos cumplir tu fantasía”

El que asintiese con una sonrisa llena de satisfacción y se acercase a regalarle un beso consiguió que le contagiase la sonrisa. Aprovechando que iba al cuarto de baño, se llevó los juguetes y los lavó con agua tibia y el gel de rosas que habían utilizado en la bañera quitándoles de esa forma los restos de polvo que pudieran tener. Ya sola y con la puerta cerrada, se colocó sobre el bidé y se lavó la vulva con suavidad, eliminando así los restos del flujo acumulado previamente. Ya limpia, lubricó un poco con el jabón el dedo corazón de la mano derecha y lo introdujo con cuidado a través del recto, con la única intención de comprobar si aquel canal era apto para el uso que quería darle Geneviève, comprobando que no estaba en su mejor momento. Suspirando para sí, estimuló levemente la zona hasta que tuvo la necesidad de evacuar. Ya libre de residuos, volvió a asear la zona, repitiendo aquel ritual tan solo para comprobar que, efectivamente, aquel pasaje era accesible.

Si era sincera, a muchas de las chicas que había conocido le desagradaba aquello. Sin embargo, ella había aprendido a verlo como una rutina más ya que a aquella mujer le gustaba utilizar todo tipo de juguetes en ella, por lo que, siempre que quedaban, se aseguraba de colocarse una lavativa para estar así preparada para lo que pudiera pasar. Ya aseada y seca, se acercó al lavabo y se lavó las manos por última vez, más por manía que porque realmente lo necesitase.

“Estoy lista y preparada, mi reina” anunció cuando finalmente hizo acto de presencia en la habitación, luciendo su delgada pero esbelta desnudez ante ella, como si se tratase de algo exclusivo y de lo que muy pocos pudiesen disfrutar. “Ya pensaba que habías huido de mí por la ventana” la escuchó bromear mientras fumaba con elegancia un cigarrillo que sostenía en una boquilla similar a las que estuvieron de moda en los años veinte “Estuve a punto de hacerlo” aseguró tratando de sonar lo más convincente posible “Pero después recordé que estaba desnuda y que no llegaría muy lejos con la que está cayendo afuera así que….” hizo una pausa en la que aprovechó para ofrecerle los juguetes ya limpios y listos para usarse “He preferido volver para que mi reina pueda deleitarse conmigo”

En cuanto Halia estuvo a su lado, cogió los juguetes que dejó sobre la cama y se acercó a la mesilla de noche para apagar el cigarrillo ya que quería tener ambas manos libres. Ya lista, le indicó a la joven que se colocase sobre la cama, viendo cómo se posicionaba de rodillas y colocaba un par de almohadas delante de ella. Sin saber qué pretendía, observó cómo se colocó sobre estas, para que su trasero levemente respingón quedase completamente a su alcance. Satisfecha ante aquella posición en la que podría acceder a las partes que realmente quería, sonrió y se posicionó a su izquierda ya que así le sería más sencillo el poder utilizar la mano derecha para sus propósitos.

“¿Estás cómoda así?” preguntó mientras abría el bote de lubricante sin demasiada prisa “Sí, así es como pongo yo a mis clientas cuando quieren un masaje con final feliz. La fricción que se crea es mayor por la posición, por lo que mis deditos no parecen tan poca cosa, ya me entiendes. Además, para lo que tú quieres es mejor si estoy así que si me pongo de espaldas a la cama” “Sí, es parece” comentó desde su posición mientras separaba sus glúteos suavemente, hallando al hacerlo su ano completamente cerrado y listo para ser explorado.

Sin prisa alguna ya que le gustaba entretenerse en aquel tipo de juegos, vertió un poco del lubricante carente de aroma en los dedos y, tras calentarlo, pasó el dedo pulgar desde el ano hasta su clítoris de forma lenta, delicada, buscando con ello sensibilizar la zona y que estuviese más que dispuesta a recibir sus atenciones. Con la única intención de excitarla nuevamente, comenzó a acariciar aquel pequeño botoncito rosado el lentos círculos, pudiendo apreciar cómo, poco a poco, la respiración de Halia se hacía más intensa e irregular.

“No es necesario que te entretengas tanto. Mi cuerpo está sensible, te lo aseguro”

Y era cierto. Por algún motivo extraño, estaba reaccionando mucho más rápido de lo normal. Aunque, si era completamente sincera, tendría que reconoce que Geneviève tenía algo en las manos y en la boca que lograban excitarla con rapidez. Concentrada en aquel pensamiento, no le quedó más remedio que dejar escapar un suave sonido de placer muy similar a un ronroneo, cuando aquella mujer introdujo el pulgar en su cuerpo de forma lenta mientras lo movía en círculos, buscando con ello el que su vagina comenzase a lubricar por sí sola.

“Sigue Génie…”

Su voz fue tan solo un susurro con el que quiso alentarla. Sabía que le excitaba que hablase, que le dijese lo mucho que le gustaba que la tocase, por lo que no le costaba nada el complacerla. Y, como si aquel murmullo se tratase de una orden, la mujer sustituyó aquel dedo por dos que no supo identificar por la posición en la que se encontraba, pero por lo profundo que llegaban dentro de su cuerpo, supuso que serían en anular y el corazón. Movida finalmente por la excitación, se agarró a las sábanas al tiempo que dejaba escapar el aire por la boca en una especie de suspiro.

“No quiero correrme esta vez, mi reina” le advirtió desde su posición “Quiero hacerlo cuando ya estés disfrutando de lo que quieres hacer conmigo” “Como quieras, mi princesa” la escuchó decir sabiendo que estaba sonriendo por el tono de voz. Y, apenas un momento después, sintió cómo sus dedos abandonaban su cuerpo y se centraban ahora en presionar muy lentamente sobre su ano, recibiendo con ello un placentero escalofrío que recorrió su columna vertebral.

Con la misma lentitud con la que presionaba sobre aquel músculo, notó cómo poco a poco la punta de su dedo corazón se fue introduciendo dentro de ella con suavidad, casi sin que tuviese que hacer fuera para ello.

“¿Te duele, mi princesa?” “No, mi reina” aseguró mientras se incorporaba un poco para poder mirarla por encima del hombro “Me encanta lo que haces y no es necesario que te entretengas tanto, me adapto fácilmente, lo sabes” susurró mandándole un beso en cuanto terminó de hablar “Está bien, pero si te molesta, avísame”

Con un pequeño sonido similar a un “hum hum” asintió mientras se volvía a reposicionar, sintiendo esa vez como el dedo se perdía por completo dentro de ella, disfrutando de la maravillosa sensación que era el sentirlo dentro. Con un suspiro lleno de calma, se relajó y cerró los ojos dejándose hacer hasta que, pasados varios minutos, sintió cómo Geneviève empujaba muy despacio con lo que parecía ser la punta del consolador y, como siempre hacía en ese caso, empujó levemente como si tuviese que evacuar ya que de esa forma el esfínter se relajaría y le sería más sencillo acceder hasta ella.

“¿Molesta o estás bien?” “Estoy perfectamente y lista para tu fantasía” aseguró desde allí “Creo que no tendrás mucho problema en penetrarme con el dildo, Génie, sabes lo mucho que me excita que me des placer anal. Y, como siempre que lo haces, tengo que decirte que eres la mejor”

La sonrisa de satisfacción y, sobre todo, de superioridad que se dibujó en los labios de aquella mujer consiguió que se mordiese los propios en anticipación. Sabía lo mucho que le gustaba que alabase lo que hacía con ella, pese a que lo único que estuviera diciendo fuese la verdad. Tal y como suponía, el consolador que tenía una pequeña rosa al final del mismo a modo de seguridad se perdió en su cuerpo con facilidad, creando gracias al que había en su recto una fricción mucho más intensa. Sin que lo esperase, Geneviève comenzó a mover ambos despacio, sacándolos de su cuerpo casi por completo antes de introducirlos nuevamente con la misma lentitud, provocando con ello que temblase sobre las sábanas.

“Veo que efectivamente te gusta, mi princesa” “Creo que voy a comprarte uno doble para que te sea más cómodo que hacerlo con eso” susurró entre jadeos cuando comenzó a moverlos de formas alternas, sacando uno al tiempo que introducía el otro y viceversa “No, mi princesa. Precisamente lo que me gusta es esto, el poder alternar el ritmo, mover solo uno, los dos, o directamente ninguno. Si utilizase uno doble, perdería esa versatilidad”

Sabiendo que no era necesario que hablase en aquel momento, se limitó a asentir mientras apretaba la sábana con fuerza entre los dedos. No era la primera vez que Geneviève practicaba sexo anal con ella, pero nunca antes había sido penetrada de aquella forma, por lo que la fricción y la estimulación dobles era algo completamente nuevo y maravilloso para ella. Consciente de que no necesitaría que se centrase en su clítoris para llegar al orgasmo, se movió contra ella cuando notó que no volvía a introducir los juguetes, sino que los dejaba quietos tras separarlos de su cuerpo.

“Vaya, así que buscas más”

El tono de voz de Geneviève le confirmó que estaba disfrutando tanto como ella de aquel juego sin la necesidad de recibir ningún tipo de estimulación. Asintiendo con mientras temblaba, no pudo controlar un gemido cuando dejó dentro de ella el consolador que presionaba con las paredes vaginales ya apenas un segundo después, comenzó a penetrarla con rapidez con el que había hundido en su recto. Sin saber si le permitiría llegar al orgasmo o si querría jugar, trató de relajarse sin demasiado éxito ya que, sin que lo esperase, comenzó a mover ambos a la vez con rapidez gracias a la lubricación que había generado su propio cuerpo. Incapaz de aguantar más, dejó que un fuerte orgasmo la golpease, provocando que temblase nuevamente de pies a cabeza al tiempo que se incorporaba levemente sobre los brazos, antes de dejarse caer sobre las almohadas sintiéndose avergonzada por lo exagerado de su reacción.

“Lo siento…” susurró cuando consiguió recobrar el aliento “No lo hagas, me gusta ver tus reacciones. Sé que no exageras, Halia. Te he visto correrte muchas veces” aseguró mientras le retiraba los juguetes con cuidado y, cuando la tuvo libre de ellos, le hizo girar hasta que quedó tumbada de espaldas a la cama “Creo que he abusado mucho de ti hoy, mereces descansar” “¿Y tú?” susurró alzando una mano hacia ella “Yo he disfrutado de lo lindo con tu compañía, ma chérie. Ahora, descansa”

Antes de que le diese tiempo a protestar, Geneviève abrió la cama y le ayudó a que se metiese en ella sin que tuviese que moverse demasiado de donde se había quedado. Sintiéndose terriblemente cansada de golpe, se llevó la mano derecha a la boca para ocultar un bostezo que tan solo consiguió que aquella mujer sonriese con ternura “Descansa, mi princesa” “Descansa, mi reina” susurró cuando finalmente apagó la luz, sin haberse molestado en lavar los juguetes que quedaron abandonados a los pies de la cama, cuando Geneviève se tumbó a su lado, haciendo que se abrazase a su cuerpo una vez se apagó la luz.