Capítulo ∞ – 17

tumblr_n3lylihBHH1s1lszmo1_500El cúmulo de emociones que sintió cuando encontró a Buck apresado en la presa hidráulica había sido como un juego de niños comparado con el tumulto incontenible de sensaciones que recorrían su cuerpo de pies a cabeza. Todo había terminado. Por fin, aquella estúpida guerra a la que habían sido empujados para que alguien obtuviese algo mucho más que dos bandos había llegado a su fin. Las consecuencias habían sido nefastas. Las bajas innecesarias. Pero todo había acabado. Ya no habría más peleas entre él y Stark. Entre Romanoff y Barton. Entre Wanda y Visión.

No. Todo aquello sería un recuerdo latente que poco a poco iría cicatrizando como la herida abierta que era aún en sus corazones. Sin embargo, el miedo que sintió aquellos días no era equiparable al que había ahora dentro de él, paseándose a sus anchas como si su cuerpo fuese su casa. Nunca antes había experimentado una emoción similar. Mentira. Sí lo había hecho. Una sola vez en su vida. Tantos años atrás que creyó que habría sido capaz de borrar de su memoria aquel dolor. Aquel temor. Aquel vendaval sentimientos que se peleaban entre sí porque no eran capaces de elegir a un único ganador. Con la esperanza convertida en miedo y, este, en desesperación, acarició una vez más la mano que había sobre la cama del laboratorio de la doctora Cho y que permanecía casi inerte, demasiado pálida en contraste con el marcado moratón que había rodeando la vía por la que el suero salino y los antibióticos se adentraban en el cuerpo de aquel hombre que luchaba por sobrevivir. La cuna de regeneración había hecho su trabajo, reconstruyendo los órganos internos, el tejido dañado. Pero, aún así, tenía que despertar. Las horas que habían tardado en trasladarlo desde que le hirieron hasta que estuvo en la cuna se le hicieron tan insufribles que hubiese preferido ser él quien estuviese en aquel momento sedado con un calmante que era tan fuerte que cualquier otra persona habría podido morir a causa de un paro cardiaco. Sin embargo, allí seguía. Con aquella respiración lenta pero constante que le indicaba que continuaba vivo.

Incapaz de apartar los ojos de él, ni de controlar sus emociones, retiró su mano de la de aquel hombre tan solo para pasársela por el rostro. Estaba agotado, pero se negaba a irse de allí. No ahora que todo había acabado. No ahora que Bucky estaba a salvo. No ahora que podía cuidar de él y resarcirse de todo lo que sufrió por su culpa, por no haber sido capaz de poder salvarle de lo que había sido lo más parecido a su muerte. No importaban las veces que el propio Barnes le hubiese dicho que no le culpaba, que ahora estaban de nuevo juntos, como antes, luchando contra lo que creían una injusticia. Nada importaba si, una vez, más, no había podido salvarlo.

“Buck….”

El nombre de aquel hombre escapó en forma de suspiro desesperado. No podía perderle una segunda vez. No podía hacerlo. No ahora que por fin había comprendido aquellos sentimientos que no era capaz de identificar y que no eran otra cosa que un amor incondicional hacia él. Y ser consciente por primera de vez de todo aquello, tan solo provocaba que desease abrazarlo, refugiarse en él y viajar a un pasado en el que podían haber tenido otra historia, otra vida, otro futuro pese a que fuese a escondidas. Ocultos entre los ojos de todas las personas que no entenderían aquello. Y, si lo pensaba fríamente, al menos podía encontrar una pequeña chispa de esperanza ya que en aquella época las personas no eran tan cerradas como lo fueron cuando él no era nada más que un chico de Brooklyn que se metía en demasiados problemas. Perdido en aquel hilo de pensamientos, lo miró sin verlo al tiempo que acariciaba su mejilla con el dorso de los dedos, siendo consciente por primera vez del significado de aquel gesto. Del poder que tenía aquella caricia ante la cual aquel hombre reaccionó con una leve mueca en la que tan solo enarcó levemente una ceja.

“¿Steve?”

Y no fue el nombre de ninguna mujer el que pronunció pese a tener los ojos cerrados, sino el suyo. Parecía casi como si lo hubiese estado esperando toda una vida. Y, a Steve, no le quedó más remedio que asentir pese a que los ojos azules de aquel hombre aún permaneciesen ocultos bajos los párpados hinchados.

“Estoy aquí” alcanzó a susurrar antes de pulsar el botón que le había indicado la doctora Cho y que provocó que, apenas un momento después, apareciese en la habitación con la respiración alterada por culpa de la carrera que tuvo que dar desde la otra punta del laboratorio hasta llegar a aquella pequeña sala en la que le tenían aislado de los demás.

“¿Ha pasado algo?” preguntó con aquel tono tan suave y tranquilizador de voz que revelaba que aún era demasiado joven “Creo que está consciente” fue lo único que atinó a decir mientras se pasaba las manos por las perneras del vaquero, notando este áspero en comparación con su propia piel “Eso parece” la escuchó decir mientras le levantaba los párpados con cuidado, alumbrando así sus ojos con una pequeña linterna que sacó del bolsillo de su bata “Está despertando y parece estable. No hay de qué preocuparse” Mientras hablaba, la joven coreana le cambió el suero y el antibiótico que su cuerpo asimilaba mucho más rápido de lo normal, pero nunca tan rápido como lo haría en el de Steve. “Irá despertando poco a poco. Le he quitado el sedante. Puede que al principio esté desorientado, al más mínimo cambio, llámeme de nuevo capitán” No necesitó contestar de viva voz. Un leve asentimiento fue suficiente para que aquella mujer entendiese que quería estar a solas de nuevo con él. Y, en el mismo instante en que se fue de allí, lo primero que hizo fue coger su mano entre las suyas, notando apenas un segundo después como los dedos que antes parecían rígidos se cerraban casi sin fuerza sobre los suyos.

Si tuviera que describir la sensación que lo recorrió en aquel momento no sería capaz de hacerlo usando tan solo un par de palabras. Nunca antes había experimentado una mezcla de alivio, dolor, miedo y desasosiego de una forma tan intensa que la única forma lógica de liberarlo que encontró fue romper a llorar en silencio, sintiendo un extraño alivio al hacerlo. Casi como si una parte de sí mismo hubiese abandonado su cuerpo y en aquel instante se sintiese mucho más ligero. No cabía duda, aquello no se parecía en nada a lo que sintió por Peggy cuando la conoció. Ella era especial, movió algo dentro de él que creía que no existía. Sin embargo, Bucky siempre estuvo ahí, en las sombras. Sin que ni siquiera él mismo supiese cómo interpretarlo. Pero ahora sí lo sabía, y no tenía ninguna duda de ello. Ajeno a todo lo que había a su alrededor a excepción de su mano, la acercó con cuidado hacia su rostro y casi como si le fuese imposible evitar su siguiente movimiento, la besó despacio, temiendo mancillar la piel de esta con sus labios que ahora estaban húmedos por culpa de aquel llanto que poco a poco había parado sin que se diese cuenta de ello.

“¿Steve?”

La voz de Bucky lo sacó de su ensoñación. De su pequeño y reducido mundo y lo transportó de nuevo a aquella sala en la que ahora aquel hombre parecía relajado, tranquilo, casi como si estuviese a punto de despertar de una larga siesta reparadora.

“Estoy aquí” contestó de nuevo, incapaz de decir nada más en aquel momento en el que pudo observar un leve cambio en la respiración de aquel hombre cuando, durante un segundo, abrió los párpados que le permitieron ver aquellos ojos tan azules y que ahora parecían aún más vidriados aún de lo que ya eran por culpa del sedante.

“¿Dónde estamos?” “En Seul, en el laboratorio de la doctora Cho. Estás a salvo Bucky” aseguró mientras alargaba una de las manos que sostenían la de aquel hombre y, en cuanto alcanzó lo que buscaba, una gasa, le limpió con cuidado las pequeñas gotas de sudor que habían perlado su rostro y su frente “¿ Y tú, Steve? ¿Estás bien?”

Aquella pregunta le llevó tantos años atrás que creyó que le parecía un sueño. Se vio a sí mismo en Azzano, liberando a un Bucky aún ingenuo de las garras de Hydra y que tan solo tenía en mente una enorme preocupación por él, por su cambio, por si le había dolido toda aquella transformación.

“Estoy bien” contestó cuando finalmente terminó de limpiarle el rostro “Todos estamos bien. Ya todo ha terminado” “¿Y Stark?” “Él te trajo aquí, Buck. Él me ayudó a ponerte a salvo”

De nuevo el silencio los abrazó creando algo similar a un manto de protección a su alrededor. Nada ni nadie podría acabar con aquel momento de paz que había en ambos. En Steve, por estar allí, a su lado, asegurándose de que esa vez la vida de aquel hombre no se escaparía de entre sus dedos como si fuese el humo de un cigarrillo. En Buck, porque se sentía a salvo, protegido, tranquilo al escuchar las palabras de Steve y el anuncio del fin de aquella estúpida guerra que no había sido promovida por ellos sino por alguien mucho más perverso. Alguien que quiso usarlos como una cortina de humo para llevar a cabo sus verdaderos planes.

“¿Buck?”

Lo escuchó preguntar cuando tras un tiempo que no supo calcular, no se movió o dio señal alguna de estar despierto.

“Steve”

“Te quiero”

“Lo sé” aseguró ladeado la cabeza hacia él, obligándose a abrir los párpados que pesaban como mil demonios “Siempre lo he sabido”

“No…” lo vio negar con una leve mueca dibujada en su rostro y que no supo identificar “No es ese amor” se calló un momento “No lo hago como el mejor amigo que siempre has sido para mí. Es algo diferente y solo he podido verlo ahora, saberlo ahora” su voz poco a poco se convirtió en un tenue susurro. No comprendía por qué había escogido aquel momento para sincerarse. Aunque supuso que el que estuviese huyendo de los brazos de la muerte era un escenario muy propicio. Pero, aún así, no varió un ápice su respuesta. “Lo sé, Steve. Siempre lo he sabido. Pero eras tú el que tenías que verlo por ti mismo. Yo no podía ayudarte con eso”

Escuchar aquello que se le antojó como una revelación provocó que su cuerpo reaccionase por sí mismo y, pese a querer levantarse de golpe de la silla, primero dejó su mano en la cama y después se incorporó, con cuidado de no golpear nada que no debiese. ¿Acaso Buck habría sabido interpretar desde un primer momento lo que él mismo había sido incapaz de comprender hasta aquel momento? Si era así, ¿por qué no le había dicho nada? ¿Qué le habría detenido? ¿Acaso no sentiría lo mismo y lo único que hacía en aquel estado de semiconsciencia era decir la verdad sin tapujo alguno? No. Bucky no podría ser tan cruel. Aunque si lo pensaba fríamente, aquello no era crueldad puesto que solo había hecho una declaración de emociones, una confesión de lo que él sentía sin preguntar si era algo que Buck sintiese de vuelta. Sin saber qué hacer, lo miró desde donde se encontraba, apreciando que sus ojos no parecían tan perdidos como unos minutos atrás, por lo que dedujo que su metabolismo acelerado estaba terminando de sufrir los efectos del calmante con el que le habían sedado. Y, fue en aquel momento, cuando se dio cuenta realmente de lo inexperto que era en aquel tema, en todo lo que tuviese que ver con relaciones porque lo más parecido que tuvo a una terminó en un desastre antes de llegar a comenzar porque él mismo la había cagado cuando se dejó besar por aquella rubia que le pilló completamente desprevenido.

“¿Estás bien, Steve?”

La voz de Bucky lo arrancó nuevamente de aquel pasado del que parecía no querer regresar en aquel momento pese a tenerlo más que superado.
“No” reconoció con sinceridad “Me siento como el Steve de antes del suero. El Steve que se metía en líos y que creía que podría cambiar el mundo” “Siempre has sido ese Steve” aseguró mientras trataba de incorporarse, por lo que a Steve no le quedó más remedio que acercarse a él y ayudarlo ya que si se levantaba de golpe podría marearse o arrancarse la vía. “Ten cuidado” pidió una vez dedujo cómo incorporar también la cama para que pudiese apoyarse en ella y no sostenerse por su propia voluntad. Una vez se aseguró de que todo estaba en orden, se sentó nuevamente en la silla, quedando frente a él, pero sintiéndose terriblemente vulnerable. “Ya no soy ese Steve, Buck” susurró retomando su afirmación “Yo tampoco soy Buck” aseguró a media voz “Tampoco soy el asesino que era. Esas dos personas murieron. La primera al caer del tren. La segunda cuando creyó que tú habías muerto. Ninguno de los dos somos quienes fuimos Steve. Quedan trozos de nosotros, pero no somos los mismos. Hemos cosas que nos han hecho ser quienes somos. Yo me arrepiento de casi todas y cada una de ellas, pero no puedo cambiarlo, solo tratar de enmendar lo que me obligaron a hacer sin que pudiera oponerme a ello” “Eso no hace que lo siento cambie, Buck. Ni siquiera una pizca” “También lo sé” añadió siendo él esa vez quien le ofreció su mano, invitándole así a que la cogiese nuevamente “Hay un par de cosas de mí que tampoco sabes Steve. Tampoco eras mi mejor amigo. Solo que yo lo descubrí cuando te mi mirando a aquella mujer. Hasta ese momento no supe lo que eras realmente para mí. Sabía que había algo más en ti, pero al verte con ella, no lo encontré. La mirabas como un día me habías mirado a mí. Pero aún así, nunca pude dejarte atrás. Necesitaba protegerte pese a que ya no lo necesitases y fuese tú quien me protegieses a mí en realidad a partir de tu nuevo tú”

Escuchar todo aquello provocó que apretase los dientes y cerrase la mano que no estaba sobre la de aquel hombre en un puño, sintiendo al hacerlo cómo se clavaba el filo de las uñas que siempre llevaba cortas e impolutas. ¿Por qué la vida les había tratado así? ¿Por qué les había separado en el momento en el que pudieron tener una vida juntos? Incapaz de entender aquello, le miró nuevamente como quien mira a lo más hermoso que ha tenido nunca ante sí y, lo único que pudo hacer, fue inclinarse sobre él y apoyar la frente en la suya.

“¿Nos merecemos una segunda oportunidad pese a todo lo que he hecho?” lo escuchó preguntar al tiempo que sentía cómo su mano se cerraba sobre la suya con algo más de fuerza, sin saber si aquello se debía al mismo nerviosismo que le recorría a él en aquel mismo momento “Al menos ahora no hace falta que la gente se esconda. Incluso pueden llegar a casarse y tener una familia” contestó sonriendo sin ser consciente de ello “Steve, llevo cerca de ochenta años queriendo saber lo que sería besarte. ¿Me vas a hacer esperar más?”

Incapaz de negarse a aquella petición, se sentó en el borde de la cama y se inclinó sobre él, despacio, temiendo hacerle daño porque no sabía donde apoyar las manos para no perder el equilibrio. Sin embargo, el que Bucky lo atrajese hacia sí con la mano derecha tras aferrarla en la nuca, se dejó guiar por él, correspondiendo con cierta torpeza a aquel beso que no se le pareció en nada al que compartió con la agente de SHIELD o al que le dio Romanoff cuando huían de Rumlow. No. Aquel beso estaba lleno de algo que no sabía identificar pero que conseguía que se le erizase la piel de la nuca y sintiese un remolino similar al vacío en el estómago. Con los ojos cerrados, se movió con cuidado en la cama y poco a poco fue perdiendo el miedo inicial hasta que fue capaz de corresponder aquel beso de la misma forma en que se lo entregaban. No había duda, quería a aquel hombre. Lo necesitaba a su lado como nunca antes había necesitado a nadie y, por fin, tras todo aquel sufrimiento podría tenerlo de nuevo a su lado.

“Te quiero, Steve” lo escuchó susurrar sobre sus labios, casi dentro aún de su boca “Ahora lo sé” musitó apoyando nuevamente su frente en la suya mientras sentía como esa vez era el propio Bucky quien acariciaba su mejilla con el pulgar antes de ser él mismo quien iniciase un segundo beso lento, intenso, lleno de palabras mudas que tan solo ellos llegarían a entender. “Buck….” lo interrumpió nuevamente, logrando que sonriese ante lo que interpretó como vergüenza “¿Mh?” “Te quiero” repitió una vez más, necesitando que se le quedase grabado a fuego en la mente. “Lo sé, Steve” susurró “Siempre lo he sabido”

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