Capítulo ∞ – 3

Fanfiction: I did my best.

Grupo de música que aparece en el fanfic: Shinee.

corazon-con-lapices-de-coloresLa musa había muerto. Las decenas de lápices de colores, carboncillos, lienzos y papeles en blanco sólo lo confirmaban. Desde hacía más de un año, su musa había muerto y para su desgracia, no sólo en sentido figurado. La persona que lo había inspirado tanto para dibujar como para crear las más bellas colecciones de moda ya no volvería jamás a su lado como lo había estado haciendo durante el transcurso de tres años. Recordar el día fatídico que lo perdió, hizo que se derrumbase sobre la mesa de dibujo haciendo que varios rotuladores de colores cayeran al suelo y se esparcieran en un roto arcoiris.

 

“¿Por qué me dejaste?” gritó llevándose las manos a la cabeza para enredar sus dedos en su cabello. “¿Por qué tuviste que llevarte todo contigo maldito?”

Por mucho que lo insultara, sabía que no sentía ni una de aquellas palabras pronunciadas. Kibum había querido al chico de sonrisa eterna como a nadie que se hubiera cruzado antes en su vida. Primero Jinki fue el hermano mayor que nunca tuvo, pero con el paso de los meses aquella relación se tornó más oscura, más extraña a los ojos de mundo y dejaron de ser el maestro y aprendiz para unirse en un mismo nivel mucho más peligroso.

No queriendo recordarlo porque aún dolía demasiado, se incorporó despacio y se apartó las lágrimas de los ojos. De manera inconsciente, dejó que sus pupilas se clavasen en la ventana y observasen las gotas de  lluvia morir contra el cristal. Aquella escena tan típica de la ciudad, le hizo recordar la única lección que nunca aprendió de Jinki: “El dolor puede ser también belleza Key. No sólo los colores alegres y extravagantes lo son, el gris es bello por sí mismo y el día que lo entiendas, la musa será eterna en ti”

Recordando aquellas palabras, se levantó despacio de la silla. No recordaba hacía cuánto que no comía en condiciones, siguiendo las leyes básicas de la alimentación en las cuales se prohibía la no ingesta de alimentos por más de un día, por lo que sentía que sus fuerzas se habían evaporado junto a su alegría. Tratando de buscar un significado a las palabras de Jinki, salió a la calle al igual que hacía cada día. Su único objetivo era encontrar su musa de nuevo, sólo que seguía ciego en su perspectiva de colores brillantes y chillones en los cuales no cabían ni el gris ni la tristeza.

Con el paso de las horas, la noche comenzó a teñir las calles de aquel color tan odiado, haciendo que tuviera la necesidad de regresar. Cuando ya estaba decidido a hacerlo, algo en el ambiente llamó su atención. La calle era la misma de siempre, pero había algo en ella que la hacía tremendamente diferente, algo que no había alcanzado a localizar antes. Cerrando los ojos para tratar de forzar sus sentidos, se concentró al máximo hasta que identificó lo que parecía buscar de manera inconsciente: una voz. No era la mejor ni la más bella del mundo, pero albergaba un sentimiento extraño que Kibum no supo descifrar.  Queriendo saber quién cantaría aquella única frase de una misma canción, comenzó a caminar despacio hasta que llegó frente a un chico que estaba sentado en la acera, encogido sobre sí mismo y sin paraguas que pudiera protegerlo de la lluvia.

“I did my best, but I guest my best wasn’t good enught cause here we are back where we were before”

Silencio… y de nuevo la misma frase que había escuchado previamente. Despacio y camuflado bajo su paraguas, se acercó hasta el chico que estaba tremendamente sucio y delgado y se sentó a su lado sin importarle lo que pudiera ocurrir, al fin y al cabo ya lo había perdido todo.

Sentir que alguien se sentaba a su lado y lo cubría con un paraguas hizo que levantase la cabeza y clavase los ojos en el rostro más vacío de sentimientos que había visto en mucho tiempo. Sin saber que querría aquel chico que lo miraba extrañado, continuó tarareando su eterna canción; al fin y al cabo no tenía nada mejor que hacer ni ningún al que ir.

“¿Por qué sólo cantas ese trozo de canción?”

La voz, llena de dolor, hizo que lo mirase de nuevo y sonriera suavemente “Es mi parte favorita” contestó con simpleza “Resume muy bien mi vida” añadió sabiendo que no le importaría lo más mínimo. “¿Qué pasó?” preguntó sintiendo un leve deje de curiosidad en su voz. “No voy a acostarme contigo por muy amable que finjas ser” contestó sin mirarlo. “Puedo caer dos veces en el error, no tres” espetó mirándolo con fuerza.

A esas alturas de su vida Minho se había cansado de esperar a que la persona que le juró estar a su lado volviera. Ya no sabía el tiempo que llevaba aguardándolo en la misma calle, en el mismo punto en el que le indicó que se verían y serían felices. Consumido por la locura de una obsesión, se quedó estático en aquel lugar viviendo de las limosnas de la gente cuando realmente nunca las pedía. Lo único que él hacía era esperar a la persona que compartía una parte de su vida, una parte de su nombre. Pero con el paso de los meses, se había dado cuenta de que él jamás regresaría. En el tiempo que lo esperaba en vano, hubo hombres que al igual que aquel, le propusieron una guarida en noches de lluvia, pero que lo único que querían era su cuerpo el cual casi llegaron a conseguir de no ser por su rapidez; por lo que ahora por mucho que tratasen de embaucarlo, no iba a caer de nuevo en la trampa de nadie.

“No busco eso” lo escuchó decir apenado “Ni siquiera sé qué estoy haciendo aquí”

Ver cómo se levantaba para dejarlo donde estaba hizo que negase la cabeza. La gente decía que Minho estaba loco, pero aquel chico lo estaba aún más.

Miles de sueños se agolparon tras sus párpados a lo largo de esa noche, en los cuales aquel chico delgado y mugriento era el principal protagonista. Sin saber por qué, cogió un lápiz y una hoja de papel y dejó que sus dedos trazasen una línea, después otra y por último un millar que formaron una escena que hizo que  el lápiz se cayese de entre sus dedos. Ante él se alzaba el cuerpo de aquel chico, sentado en la misma posición que lo vio por primera vez. La calle idéntica a la que recordaba, la lluvia cayendo sobre su pelo sucio pegándolo a la cara… No entendiendo a su mente, guardó el dibujo en un portafolios y salió a la calle sin importarle no llevar nada de abrigo. Lo único que quería era saber si aquel chico seguía allí. Necesitaba verificar cuán parecido era a lo que sus manos habían creado.

Cuando finalmente encontró el pequeño recodo de la calle, le faltaba el aliento y le flaqueaban las piernas. Tratando de recuperar la respiración, flexionó las rodillas y apoyó los brazos en éstas.

“Ya te dije que no me acostaría contigo” lo escuchó decir molesto. “¿Acaso no entiendes que estoy esperando a alguien?” “Si, me esperabas a mí” sin dejarle hablar, le enseñó el dibujo provocando que sus enormes ojos se abrieran en demasía. “Llevo un año siendo incapaz de dibujar ni un solo boceto y ahora eres tú lo primero que consigo plasmar en el papel. Yo también llevo esperando un año por alguien que nunca va a volver” “¡Volverá, lo prometió!” chilló poniéndose de pie al momento para romper a llorar. “¡Me dijo que volvería! ¡Jinki me lo prometió, dijo que Taemin volvería!”

Y fue en aquel momento cuando todo cobró sentido en la mente de Kibum, cuando entendió que aquel chico era la musa que Jinki le había descrito en sus pasajes los cuales jamás llegó a entender “La tristeza también es bella Key…”

“Jinki murió hace un año” susurró llamando la atención de la persona que había a su lado. “Un accidente de coche acabó con él y su acompañante. Créeme, no van a volver”

Las palabras de aquel extraño consiguieron que cayera el suelo de rodillas para abrazarse a sí mismo. No, aquello no podía ser cierto, Taemin le juró que volvería, que nunca lo abandonaría. Pero Taemin no estaba allí, sino aquel chico con un retrato suyo entre las manos, calcado a la perfección, como si lo hubiera conocido de siempre. ¿Y si quizás…? No, sabía que su locura, su obsesión, hablaba por su mente en aquel momento, pero todo era posible…¿Y si quizás… y si quizás Taemin volvía a él en los ojos del que ahora lo miraba con esperanza, como si a raíz de encontrarlo a él pudiera revivir a su amor muerto?

“Ven conmigo, se mi musa”

Y la proposición sonó tan bien que no tuvo fuerzas para decir que no, porque en otro tiempo también había sido la musa de un loco soñador que lo único que soñaba era con ser feliz.

El sonido de una voz algo rota hizo que se despertase al igual que cada día. Sonriendo, giró para encontrarse con los ojos en los que reflejaba desde hacía ya un año. “Es la fecha” lo escuchó decir para sentir al momento una suave caricia en su rostro. “Tenemos que ir, lo hemos prometido” Asintiendo, se levantó de la cama para dejarse caer sobre el cuerpo de Minho quien lo recibió sonriendo. “No seas vago pintor de pacotilla. Tenemos que ir al cementerio a darles las gracias y lo sabes” Sin querer soltarlo, lo besó durante un momento y fue a buscar su ropa para vestirse en el calor de la habitación.

La niebla de primera hora de la mañana hizo que se acercasen para darse algo de calor. En silencio, cogieron el autobús que los llevaría a su destino. Una vez estuvieron allí, cruzaron la enorme explanada de tumbas hasta que llegaron a la tapia que daba al río. Tratando de contener las lágrimas de la emoción, Minho arrojó un ramo de claveles blancos al agua mientras que Kibum se escondía en su pecho.

“Gracias…” lo escuchó decir en un susurro, “gracias por dame lo que más querías, lo cuidaré como el tesoro que ahora es para mí” Sonriendo con ternura, acarició la cabeza de Kibum para encontrarse con sus ojos al segundo. “Supongo que en el fondo sí dimos lo mejor de nosotros mismos porque al final ellos fueron quienes nos dieron esta oportunidad” murmuró al tiempo que lo abrazaba con fuerza sin dejar de mirar los claveles que flotaban suavemente sobre el agua. “¿Sabrán que los queremos?” preguntó sin esperar respuesta “Lo saben de la misma manera  que nos queremos”